Neradas
Todo vale para esta palabra que no está en el diccionario.
J.E.
viernes, 16 de marzo de 2012
Cierra la puerta y siéntate
lunes, 6 de febrero de 2012
Hay que cambiar los panales
Olvidémoslo todo, hagamos de nuestra capa un sayo, que corra el aire por debajo de telas espesas que recubren cuerpos livianos. Sujetémonos a las puertas que el abril está llegando, que el abril recorrerá con su viento los entresijos de las colmenas y las abejas reinas rellenarán de miel los panales. En los pantanos las aguas se pudrieron y el olor pestilente se extiende entre las flores de los cerezos, entre el azahar y los jazmines. Alfajores cocinaron las abuelas para endulzar el momento, los rellenaron con la miel de las reinas que aún andaban pegadas al panal. Allá arriba, vi a los hombres escafandra con sus viseras y cristalitos asomando amarillos los ojos suplicantes. Hay que cambiar los panales. Espeso está todo y hay que fluir, calor, el calor se adelanta, y el trabajo… verdad, dicen las mujerucas del pueblo, ¿verdad que hacía años la meta estaba en otras partes? Filete de una endiablada carne de vaca loca trajeron ayer los hombres, después de la tala, y la esquila, y las caponadas. Ya anduvieron segándole los huevos a los corderos. Estambul refulgía entre azules y tés de manzana, licores secos. Grotesco fue el organillo que tocaba aquél viejo frente a la iglesia. No era un laúd de aguja entre cuerdas sino teclas de mármol lo que tocaban aquellas manos. Después la abeja se posó con su aguijón en el extremo de aquél laúd, se mezclaron los instrumentos, avellana era el color de todos ellos, madera de fruto seco secada al sol. Los maizales despellejados. Abedul de dulces hojas arrastraba su calva contra el suelo y el viento amarillo con su calor encogido iba dando cabezazos hasta llegar al río y en el río los hombres y entre los hombres el músico y ante la iglesia que antes fue mezquita, Estambul resplandece de azules. El Bósforo gira en una esquina tumbando un barco, un cántaro, una fuente de pescados y el sombrero de un sufí flotando alegre camino del palacio con la miopía de los sombreros que, sin cabeza, no saben a dónde miran, sólo van hacia donde los lleva la corriente. Deshagámonos de todo, basta con los corderos que cabecean sobre la mesa y las tostadas de abeja reina rechinando entre los dientes.domingo, 5 de febrero de 2012
Anoche soñó Margarita con su abuela

sábado, 4 de febrero de 2012
El reto de la costurera

viernes, 3 de febrero de 2012
Aquellos carteros ya no existen...
martes, 17 de enero de 2012
Sueños interdentales apretados de urgencia
lunes, 16 de enero de 2012
2012. FIN.
Nadie miró los escaparates antes de la catástrofe, en algunos establecimientos de electrodomésticos las miles de televisiones repetidas ofrecían el mismo rostro de la barbarie. Nadie quiso pensar que su próxima ciudad era la suya. Los ancianos lloraban ante el no futuro de su descendencia. Nadie aporreó las puertas de los demás, la cobardía general impedía que se avisasen unos a otros, también el desamparo, sabían que ya no había remedio, que todo había terminado, lo habían visto en las noticias de los demás lugares.
Un grupo de hombres que de forma solitaria habían escapado se fueron juntando en un punto a lo alto de una montaña que había quedado indemne. Ahora se debatían en cómo empezar todo. No quedaba ni rastro de lo que habían conocido y les faltaban las fuerzas para pensar. Ya está dijo uno. Lo primero será buscar provisiones para comer, sin comida moriremos. El de al lado se decantó por el agua. El otro por buscar un refugio para la noche, el otro por tumbarse a dormir y dejarse morir, no quería saber nada. Amaneció y todavía estaban allí sentados. Se miraron asustados, qué harían con tanta tierra para ellos.
viernes, 6 de enero de 2012
Pequeñas y grandes mujeres o viceversa
jueves, 29 de diciembre de 2011
Caballitos de mar
jueves, 22 de diciembre de 2011
Bailar boca abajo
lunes, 19 de diciembre de 2011
No hubo acuerdo
domingo, 18 de diciembre de 2011
Cena de Navidad: Ex-alumnos del "García Lorca" (3)
sábado, 17 de diciembre de 2011
Cena de Navidad: Ex-alumnos del "García Lorca" (2)
viernes, 16 de diciembre de 2011
Cena de Navidad: Ex-alumnos del "García Lorca" (1)
martes, 13 de diciembre de 2011
Enamoramiento
lunes, 12 de diciembre de 2011
Confesiones...
domingo, 3 de abril de 2011
El desahogo
Aquél grupo de turistas bajó del autobús como una serpiente polícroma de cabezas múltiples y parlantes, una torre de babel precipitada al vacío con único sonido común al sobrecogedor paisaje: ¡oh! Un paisaje violado y envuelto en clics de cámaras fotográficas que perdía credibilidad por momentos a los ojos de un hombre sentado sobre una roca, que admiraba feliz la soledad del paraje. Recorrió al hombre una sacudida de desagrado e inquietud. Solitario y misántropo, lo único que lo calmaba era la nada sobre kilómetros de tierra seca, ese amarillo intenso que bajo el sol quebraba la mirada y apretaba las costillas.
No entendía por qué en aquella extensión sin atributos turísticos, ahora se apiñaba esa caterva de seres extravagantes. ¿Qué vendrían a ver?, ¿qué los hacía desplazarse hasta ese lugar donde solo podrían hacerse fotos repetidas?
Vio cómo se encaminaban todos en una misma dirección persiguiendo un paraguas rojo que el guía turístico, vestido como para cruzar el Amazonas, alzaba sobre su cabeza. Los siguió, sentía una enorme curiosidad por ver hacia donde se dirigían los pasos de ese insólito colectivo.
Caminaron varios kilómetros, y a lo lejos tras un pequeño montículo apareció una casa negra hecha de troncos calcinados, al acercarse más podía leerse un cartel sobre la puerta: “Odiero”. No supo el hombre qué pensar, ahora fue un escalofrío lo que recorrió su cuerpo al recordar viejos tiempos, no era posible que... Se acercó al guía que se había detenido para indicar a la gente que se colocase en círculo a su alrededor y antes de que empezara su discurso, con el corazón encogido, el hombre preguntó. ¿Odiero?, perdón, ¿qué significa Odiero?
A eso iba, caballero, a explicarles a to-dos qué es el Odiero. Odiero, dijo con tono resabiado desplazando la vista por cada uno de los espectadores, es el lugar donde la gente peregrina para vaciar sus odios, dicen que todo aquél que prueba quiere volver. Cuando la gente vuelca sus odios alrededor de esta casa y en ese jardín trasero, se vuelven rejuvenecidos a sus países y no solo por dentro sino también por fuera, ya saben, el cuerpo es el espejo del alma. Al enterrar todos sus odios dentro de este terreno que ahora están pisando, desaparecen todos sus males y vuelve la ilusión y curiosidad de la infancia, la felicidad a rendimiento fijo. ¿Nunca había estado aquí?, dijo dirigiéndose al hombre, usted parece del lugar, ¿nadie le había hablado de este sitio? No, dijo el hombre mintiendo, hace mucho que no hablo con nadie, vivo alejado de todo y por eso ya no odio. Pues pruébelo con nosotros, dijo el guía, porque aunque no lo crea, algún odio tendrá, ¿no?, todos los tenemos, es condición humana. Entre conmigo y ayúdeme, dijo entre autoritario y condescendiente, y desapareció tras la puerta.
El hombre lo siguió con escepticismo y un hormigueo antiguo en su interior. Entraron en una especie de solar techado lleno de palas y picos oxidados amontonados en pirámides. El guía se subió a uno de los montones y empezó a lanzarle palas y picos, cuéntelos dijo, necesitamos sesenta y dos para que cada uno tenga herramienta propia.
Cuando el guía confirmó que todo estaba preparado, el grupo se colocó en fila y fueron entrando y saliendo de la casa con una pala en la mano como trofeo. Muy bien, dijo el guía, ahora, que cada uno escoja su espacio para cavar. No hagan agujeros demasiado grandes, es mejor la profundidad, después, túmbense boca abajo, coloquen la boca en el agujero y suelten todos sus odios a las entrañas de la tierra. Si no saben qué odian: insulten, griten, desgañítense, revivan. Después vuelvan a cerrar el boquete para que los odios no escapen. ¿Llevan cada uno la semilla que les entregué?, no olviden dejarla dentro para la comprobación. Se giró hacia el hombre y le dijo. La semilla de cada uno queda junto a los odios enterrada. En estas tierras nunca llueve, que germine cualquier cosa que no sea silvestre es poco menos que imposible, pero si pasado un mes, cuando volvamos, alguno comprueba que donde puso la semilla empieza a crecer vegetación, es que sus odios no han muerto y deberá arrancar las raíces crecidas y cavar otro agujero para repetir la acción hasta que no crezca nada, de lo contrario, los días de viento las ramas de ese follaje producto del odio, susurrarían todo lo enterrado. Encima tienen que volver dentro de un mes, pensó el hombre moviendo negativamente la cabeza, negocio completo, pueden estar volviendo toda su vida, ¿cuánto les habría cobrado por todo esto?
Se pusieron a cavar; el hombre no hacía nada sólo observaba a todos aquellos trapos floreados escupir maldades a la tierra, cada uno en su idioma, él no los entendía pero podía sentir la energía de todas aquellas palabras. Después, se puso manos a la obra y cuando tuvo su agujero hecho gritó dentro: “os odio, os odio a todos los que estáis aquí y a los que volváis y a los futuros, y al jilipollas del guía explorador mucho más; se desgañitó en rabia, pero inmediatamente comprendió que el trasiego de gente iba a ser infinito, así que todas sus semillas germinarían una y otra vez y acabaría poblando aquella tierra de árboles hasta convertirla en un bosque maldito, las ramas con el viento susurrarían odio en muchos kilómetros a la redonda y todo volvería a empezar.
Se le ocurrió una idea, no pondría semilla alguna, el guía le había dado una pero la escondería en su bolsillo y así no crecería nada allí donde él pusiese su odio, pero… ¿y si la tierra se resquebrajaba de nuevo?
El hombre recordó aquel tiempo en que los rencores habían crecido tanto en el pueblo que las autoridades sin encontrar una solución real, decidieron combatir aquello de manera figurada, con imaginación, algo que sirviese para todos por igual. Crearon un espacio para combatirlo. Allí todo el mundo podría ir y depositar todo su odio, eso dijeron, dijeron que al salir de allí, solo se sentiría amor y felicidad.
Lo llamaron El Desahogo. El Desahogo fue colocado en las afueras, junto al parque eólico, una gran cantidad de terreno que permitía hacer excavaciones para meterse dentro y pelearse voluntariamente o gritar o autolesionarse pero con moderación, el caso era soltar todo el odio acumulado en el pueblo y después cerrar la zanja y olvidar todo. Pasó el tiempo y cuando parecía todo solucionado aquellas tierras se resquebrajaron con la falta de lluvia, y las grietas comenzaron a supurar el odio que llevaban dentro y que el movimiento de las aspas de los aerogeneradores expandió en todas direcciones, el viento andaba cargado de odios que sobrevolaban el pueblo y alrededores. Y aquí fue donde el pequeño e inútil poblado en medio de la nada y cubierto de odios, de repente, se hizo famoso. Empezó a llegar gente de todos los lugares: curiosos, turistas, periodistas y fotógrafos, pero el odio no podía fotografiarse ni llevarse guardado en una maleta, ni siquiera anunciarse en primera plana de ningún periódico, solo podía sentirse en el aire, en el susurrar del viento, así que poco a poco llegaron artistas y saltimbanquis, gurús y parapsicólogos, cienciólogos y ecologistas.
Los grandes museos del mundo empezaron a lanzar propuestas monetarias para comprar la idea, en un recinto cerrado daría resultado; contener el odio y encerrarlo era la mayor obra de arte que jamás nadie hubiese logrado, y trasladaron tan gran iniciativa a sus salas. El Desahogo comenzó su andadura y fue reproducido miles de veces en miles de salas huecas e insonorizadas donde la gente escupía sus odios en grandes cubos de plástico preparados al efecto ya que era imposible cavar en el suelo.
Cuando los museos se llevaron el odio del poblado y estuvieron llenos de odio en sí mismos, y los medios de comunicación también, y las vallas publicitarias anunciaban por todas partes los eventos del odio, y todo el mundo conoció y escondió y expandió el odio y el amor a la vez, todo era contradictorio en el pueblo. Había amor y nuevos odios juntos y todo volvió a ser como al principio.
El hombre se había alejado de todo y olvidado aquél asunto para siempre, vivía en la montaña pensando que todo había terminado, pero nada más lejos, porque ahora veía que la historia empezaba de nuevo.